A Chango
Chango,
Chango!
Recuerda
tus amaneceres en vino!
Acuérdate
de ella, de él, y la otra, y de ellos.
Oh
Chango, rey del hedonismo!
Alabo
tu simpleza que alguna vez
dominó a mi conciencia limpia
y convencida.
Recuerda,
pequeño toxicófilo avejentado,
que tienes siete vidas más
antes de pisar los primeros escalones del inframundo
y dentro del santísimo Pandemonio, allí,
tras el umbral del viejo y trillado Edén.
Oh
Chango! No olvides que la consigna
no es vivir ni morir,
esas son solo instancias;
Sé tu
propio dios y creador
autodependiente!
Esteban Porronett