Cómo perdí mi Alter-ego en la ruleta de un casino de Pilar
Escalofríos,
no, primero
cosquilleo,
frío cosquilleo y sudor por todo el cuerpo.
El
que se colaba por entre mis manos y mis dedos al suelo,
chorreando por mi pantalón negro y goteando
sobre mis zapatos.
Nuestras
mentes clavadas a martillo contra la pared del
social club...
Si,
mejor será que el alcohol tome el mando
de nuestros cuerpos:
faltan 45 minutos para ver el dineral que mi colega habría de traer;
mis veinte, sus veinte, los veinte del otro,
los del otro y los doscientos ganados.
Los míos y los de él eran prestados...
Maderas
horizontales formaban un bar,
que con toda su valentía
me despojaba glamorosamente
de unos doce billetes.
Él
sabe que el rojo no sale siete veces seguidas...
No estamos del todo perdidos!
Cronos jugaba a los dados con mi incentivo
y los convertía en fichas de 20 y 30
que perdía lego en la mesa de Black Jack.
Es
posible que al menos digas:
“Quedamos
en cero”?
Al asesino cambio de esto, llegó con su
”Seis veces rojo, una vez verde”.
La
suerte maldita del doble cero,
el karma del jugador.
Esteban
Porronett
(algún día de octubre del 2004)