Decepción
Oh Satanás, apiádate de mi triste alma decadente!
Oh! Dioses del ateísmo pérfido,
resguardad mi insolencia a la realidad
obvia.
Oh vírgenes de las orgías, santas de las impurezas,
convertid mi odio en poesía!
Llenad las podridas mentes desesperadas,
como la mía,
de lamentos inexistentes para sus seudo-supervivencias.
Oh, que fácil es decir “Oh!”,
que fácil es lamentarse y acreditarse por ello...
Qué fácil es vivir para sudar,
qué fácil es amar por follar!
Fácil es pedir, difícil recibir,
oh dioses del infortunio! Espantapájaros sensuales!
Musas y ninfas de la burlada se ríen a mis espaldas.
Tiene sentido vivir para alimentar el odio propio??
Única delicia del ser humano; destruir la mente ajena...
Esteban Porronett
XXIII-VII-MMIV