La otra madre
Dedicado a Solange
Clavados
como estacas en un fondo de azúcar impalpable
yacían
los voluptuosos demonios
de mi
infancia,
mientras
ella me miraba y decía:
“Dormir
bien para poder correr bajo la lluvia después...”
A mí no
me importa la realidad que ellos conciben,
¡Devuélvanme
la mía!
No les
cuesta nada matar a un ser etéreo y volverlo sustancia
inerte.
¡Que
Belcebú os maldiga e incinere en su vientre!
Yo he
sangrado por los ojos las ansias de vivir y morir en
el
mismo atardecer
y nadie
me lo concede.
¿Has
vuelto o nunca te has ido?
¿O
existes desde que yo creo hacerlo?
Así te
volviste parte de mi ser y motivo para seguir siendo
etéreo.
¡Salva
mi vida, musa de cristal líquido,
antes
de que llegue el amanecer!
Por
años te confundí con princesas, con ninfas,
con
ángeles...
¿A caso
no eres tu superior a ellas?
Yo creo
seguir existiendo...
Esteban
Porronett, 13 de noviembre de 2004