PARANÁ CHICAGO
Al calor del sol de
principios de enero
asiento mi cabeza para la
dulce voz de la musas
que a mis oídos susurran los
himnos nocturnos
que siempre anhelo oír.
Mis pies se queman con la
arena y los berimbaos
(extranjeros)
electrifican el cálido y
húmedo ambiente
de las orillas fluviales.
Al partir pienso "no
merezco más que esto??"
y al llegar me pregunto si
me lo merezco.
Esteban Porronett
enero de 2006