Sé
que podría detenerme
en
este rincón recógnito de mis temporales deseos
(contaminan
cual bencina en mi sangre y se desvanecen),
pues
por un tiempo me posaré en la falsa lujuria que supo rodearme
por
intensos instantes.
Buscar
en este Pandemonio de placeres
orgásmicos.
drenar
mi mente hacia el suelo de ébano
por
un momento, para poder así,
regocijarme
en la delgada tela que cuelga del éxtasis
y finalmente
tumbarme
sobre
el colchón de frecias del agasajo más grande...
El
de poder soñar!
Posterior
o anterior a eso
(lo
cual no importa),
desarmar
en pequeñas piezas entrañales
el
beso de la musa enferma de ira
y devorármelas
una por una
para
poder, así, morir vomitando gozoso.
Esteban Porronett
02/06/05